Tajomaru confiesa ser el autor del asesinato de Takehito

Un cuerpo fue encontrado sin vida en el camino del apeadero de Yamashina. Tras el hallazgo, personal de criminalística empezó con las investigaciones. Tajomaru, uno de los acusados como culpable del hecho, fue interrogado por los encargados del caso.

“Sí, yo maté a ese hombre”, con esta afirmación empezó la declaración de Tajomaru. Con una sonrisa irónica, el presunto autor del asesinato, dió inicio a su declaración, detallando paso a paso cómo ocurrió el suceso.

Haciéndose pasar como un viajero, Tajomaru se aprovechó de la pareja de esposos para cometer dicho acto, comentó. Por otra parte, el homicida afirmó haberse aprovechado de la codicia de los esposos, ya que engañandolos, les habló de la existencia de un tesoro en el bosque de Yamashina. Dicho bosque, caracterizado por su gran cantidad de abetos y bambúes, fue escenario de esta tragedia.

El asesino habría dicho a Takehito, persona encontrada muerta, que el tesoro se encontraba cerca de uno de los abetos de dicho bosque. “Era el lugar ideal para poner en práctica mi plan”, prosiguió, “abriéndome paso entre la maleza, lo engañé diciéndole con aire sincero que los tesoros estaban bajo esos abetos… y apenas llegamos, me lancé sobre él y lo derribé. Era un hombre armado y parecía robusto, pero no esperaba ser atacado”, afirmó. Un sable y una cuerda serían los instrumentos con los cuales, Tajomaru asesinó a Takehito.

Por otra parte, el asesino afirmó en reiteradas ocasiones que Masago, esposa del occiso, habría suplicado a Tajomaru por la muerte de su marido. “Ella se arrojó a mis brazos como una loca. Y la escuché decir, entrecortadamente, que ella deseaba mi muerte o la de su marido, que no podía soportar la vergüenza ante dos hombres vivos, que eso era peor que la muerte”, recalcó.

A pesar de la petición de Masago, con un gesto arrogante, Tajomaru afirmó haber sido él, el asesino de Takehito, y prosiguió “¿Qué sucedió después? No vale la pena contarlo. Diré apenas que antes de entrar en la capital vendí la espada. Tarde o temprano sería colgado, siempre lo supe”, finalizó.

 

María Esther Chavez y Sisa Romero

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