El Consejo Metropolitano de Quito galardona a Santiago Páez 

PREMIO PARA RETRATOS DE DIOS  

La novela ganó el Darío Guevara Mayorga del 2016 en la categoría juvenil 

¿Hay tiempo para otra canción?, pregunta Edith, una vieja mendiga vendedora de drogas a la expolicía Dolores Ayoví. Entonces Edith entona un Non rien de rien, antes de echar a correr para escapar de la redada. Esta es una de las escenas de Retratos de Dios del escritor ecuatoriano Santiago Páez, novela ganadora del premio Darío Guevara Mayorga en la categoría de novela juvenil, este pasado 22 de noviembre de 2016.

Retratos de Dios es una historia de detectives, ladrones y de un secuestro, a partir del cual se confiesa un mundo en el que los prejuicios, la prostitución, las drogas y la mendicidad se enmarañan con la corrupción de un sistema judicial podrido. La obra de Santiago Páez nació del piloto de un guion para televisión de 45 o 50 minutos que no llegó a materializarse. La obra fue publicada por el sello Loqueleo de la editorial Santillana. Lo siguiente fue el premio, que consistió en una estatuilla y 1500 dólares. “Es un premio que buscan las editoriales. Yo  mandé la novela a la editorial y ellos la enviaron al concurso”, explica Páez.

En los ojos del autor

Retratos de Dios fue escrita para adultos, sin indulgencias, es lo que piensa Santiago Páez y lo afirma sin temor a equivocarse. En ese sentido, presenta una obra honesta y al mismo tiempo fresca. Páez explica que la creación de los personajes y sus entornos fue amplia. La estructura de la novela tiene la misma disposición básica de un guion, con una presentación de personajes, conflicto y desenlace. Páez es autocrítico y asegura que en el momento de su propia relectura se vio obligado a hacer cambios. “Antes de presentarla a la editorial, me di cuenta de que, como salía de un guion, era muy lineal y que sí le hacían falta unos componentes que eran de densidad y no de movimiento. Puse algunas escenas que no tenían un propósito en la línea narrativa, sino que eran necesarias para expandir o detener el ritmo y presentar mejor a los personajes”. Esto provocó que el texto aumente en un 30% y pase de una primera versión de 110 páginas a la definitiva de 159. Pero, más allá de los aspectos materiales, Páez es contundente y crítico sobre su propia creación. “Esta novela, desde mi perspectiva, es una novela de entretenimiento. No es Literatura, Literatura es otra cosa”, sentencia el escritor, que cuenta con una amplia trayectoria literaria.

Los premios

El significado de los premios varía de mirada en mirada. “Siempre es bueno sentir que valoran el trabajo de uno. Es algo que, por la historia de la novela, no me producía ninguna expectativa”, observa Santiago Páez. Para Orlando Pérez, director del diario El Telégrafo, en Ecuador los premios tienen poca resonancia, excepto en casos contados en los que la obra supera al premio y a sus organizadores. “El premio entregado por el municipio de Quito no se sostiene como una institución reconocida, porque está al vaivén de los alcaldes y sus jurados, que nunca se sabe quienes son. Sé que (Páez) como autor es uno de los mejores y más entregados al trabajo literario como un asunto de vida y quizá por esa razón valga la pena el premio, pero desde la institución que lo entrega me quedan dudas”, analiza Pérez. La perspectiva de Páez, con respecto al reconocimiento se basa en el contenido de su obra: “Gané porque era una novela, en un principio, pensada para adultos, entonces no tiene ningún tipo de condescendencia. Supongo que los jueces del premio captaron que ese era el asunto”.

Historia y aristas

Juan Pablo Castro, ganador del premio Joaquín Gallegos Lara 2016, en un estudio introductorio de Retratos de Dios, reconoce a la puesta en escena es uno de los puntos más altos. El escritor enumera en la obra de Páez ciertos espacios como los departamentos de los detectives, hoteles donde viven prostitutas, las calles del centro histórico, que permiten al lector visualizar de manera directa el espacio de Quito, “como si fuese visto desde la pantalla en una sala de cine”. Así, la palabra adquiere un color que va más allá de la obviedad. Castro asegura que la escritura de Páez es barroca popular. Temas como la religión, la violencia social, la intolerancia, el racismo y el amor despiertan la duda en el lector.

Retratos de Dios es una novela que muestra una sonoridad inminente en sus personajes. La naturalidad de su lenguaje es un elemento clave del ritmo, ya que hace uso de la significación para dar un sentido a lo escrito. “Santiago Páez logra conjugar estos elementos con la solvencia de un escritor que ha ingresado ya desde hace tiempo al laberinto de la palabra”, argumenta Juan Pablo Castro.

Orlando Pérez destaca el gran conocimiento que Santiago Páez tiene sobre el género policial, afirma que lo maneja con las herramientas propias de su índole y lo ha desarrollado con relativo éxito. “Los puntos negativos serían que su obra se sostiene y encamina con modelos de la novela tradicional tanto en ciencia ficción como policíaca. Desde ahí ha hecho un enorme esfuerzo por aterrizarla en los aspectos nacionales, sin con eso decir que haya trascendido”, manifiesta Pérez.

Por otro lado, Mauricio Montenegro, corrector del libro desde Santillana, brinda un sentido diferente en la construcción de la novela: los diálogos. Explica como estos consolidan la narrativa mediante la interacción de personajes. “Desde un inicio, la novela engancha al lector con un prefacio intrigante. Los capítulos mantienen una intensidad narrativa adecuada y un buen ritmo, que se mantiene con el uso de diálogos bien estructurados. A pesar de que se trata de una obra corta, los personajes de Baumann, Ayoví, Centeno y Giovanny están construidos de una manera sólida”, asegura Montenegro, quien advierte una posibilidad planteada por Páez para una segunda parte.

Sobre la posibilidad de la secuela de Retratos de Dios, su autor considera que, a pesar de que la estructura da para una continuación, el mercado no se presta, no resiste. No obstante, los lectores que siguen a Santiago Páez con certeza discrepan y esperan que nuevas aventuras de Baumann y Ayoví se materialicen en las letras de su autor.

 

Por: Daniela Yanzza, Amanda Pérez Torres y Sylvia Gómez Bowen

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